lunes, 30 de mayo de 2011

Ella, París y yo.

Era impresionante como su llamada telefónica me había dejado inmóvil en la cama, como siempre eran breves, claras y precisas para ella nunca existieron los preámbulos. Habían pasado cinco años exactamente desde nuestro ultimo encuentro donde me hizo prometerme que nunca más la llamaría Barbara; aún recuerdo su cara inexpresiva aquella tarde, su cabello tan dorado como el trigo lograba resaltar ese par de ojos azules como el mar. Me acerqué lentamente y luego de un leve cruce de miradas me senté frente a ella, era el mismo café donde nos reuníamos cuando París era la ciudad de los encuentros que en momentos llamé fortuitos pero que ahora que lo pienso mejor de eso no tenían nada pues cuando ella quería verme tenia la propiedad de encontrarme donde fuese.

Acababa de cumplir los veintes y sin embargo sus ojos transmitían la mirada de alguien mucho más recorrido, después de unos segundos de inspección me saludó y comenzó a contarme lo maravilloso que fue conocer la República Checa acompañada de un hombre que solo le pedía que se desvistiera en frente de él para luego echarla y experimentar la práctica del sexo en solitario, todo esto mientras soltaba esa risilla ligera que tan típica de ella. Acto seguido me tomo de las manos y farfullo "Solo tú puedes acabar con mi infelicidad", decidí soltarme y antes de contestar algo que la fragmentara en mil pedazos preferí quedarme callado, actitud que naturalmente le enfureció haciéndola levantarse e irse sin despedirse. Pero eso fue hace cinco años y jamas le guarde rencor, al final de cuentas era simplemente una niña que jugaba a ser mujer.

Hoy París nos volvía a reunir, casualidad o suerte no lo sé, con ella todo es impredecible. Decidí salir del letargo que me llevo a recordar nuestro ultimo encuentro y con afán salí a nuestro encuentro, igual tanta prisa con ella nunca servia por más que intentase llegar primero a la cita, ella siempre estaba allí esperando por mi. Era el mismo café luminoso cerca del Sena protagonista de nuestro último encuentro desafortunado, nuevamente me recibió su cara inexpresiva pero con una mirada profunda y confusa que hacia juego con su ahora cabello negro como el azabache que de alguna forma le daba un aspecto más maduro. Dejé que me inspeccionara, que se burlara de mis nacientes canas plateadas y de las leves arrugas que arrojaba mi cara.

Como de costumbre me contó esas aventuras que la llevaron a sacarle el lado más oscuro a ciudades como Rusia, Croacia y Rumanía de la mano de tres hombres diferentes que no me extrañaría la cuidaran y mimaran como si fuese una gema preciosa extraída del mismísimo Nilo. Nunca me percate del tiempo que me estuvo narrando con detalles sus andanzas europeas hasta que vi el amanecer avanzar sobre nosotros, creo que ella también lo noto porque inmediatamente tomo mis manos entre las suyas y dijo "Solo tú puedes acabar con mi infelicidad" sus palabras fueron como un flashback de ese ultimo encuentro y por primera vez en toda la noche me dispuse a abrir la boca y decir probablemente las palabras más dolorosas del mundo y que me harían perderla para siempre "nunca olvides que tu siempre serás la niña que amo y no quiero tener" dicho esto me acerque a ella y limpie la lágrima negra que corría por su mejilla izquierda y me marche.

3 comentarios:

  1. que romántico!
    Ufff! como dejamos ir el amor, persiguiendo un sueño que creemos mas grande! todo por miedo al dolor... :/
    un besote!

    ResponderEliminar
  2. Como no soy muy lírico creo que me va a venir muy bien pasarme por aquí de vez en cuando a ver si aprendo un poco:)

    ¡Saludos y a seguir así!

    PD: Soy Víctor Hugo de www.du-dum-dum.blogspot.com que no podía entrar con mi perfil.

    ResponderEliminar
  3. Está buenísimo tu relato.
    me han parecido interesante
    tus escritos.
    ¡felicitaciones y suerte!

    ResponderEliminar