lunes, 30 de mayo de 2011
Ella, París y yo.
domingo, 29 de mayo de 2011
Una conversación de Ausencia
Dando vueltas a un recuerdo me tropecé con una ausencia que desconocía, ella se alegró de nuestro encuentro aunque yo la ignore. Oí sus palabras a lo lejos y decidí darme vuelta para ver que tenía que decirme, se plantó frente a mí y con mucha firmeza me explico que los últimos años se había suprimido esperando que yo me diese cuenta que me encontraba en el camino equivocado.
Ella pedia que la escuchara, que una vez que terminara podía decirle todo lo que quisiera. Prosiguió en su explicación diciéndome que había callado tanto tiempo que ya estaba hasta el cuello de mis tonterías, muchas veces intentaba alertarme pero yo me había retirado antes de que el fracaso se adueñara de mí. Yo la miraba tan centrada gritándome a la cara lo que pensaba de mí y me asombraba lo inmutada que me mantenía," no espero que levantes cada roca del planeta pero sí que seas sincera contigo y dejes que el viento corra a tu favor" dijo ella, la desconocida que parecía conocerme mejor que yo.
Una ración de realidad común fue lo que la rebelde decidió escupirme entre su verborrea rebuscada, cuando tomó aire dije que no era mi culpa no haber atinado la flechas en las direcciones correctas y que si mis retiros necesarios le habían parecido un suicidio a mí no. Al decir esto su cara cambio y con una lágrima rodando por su mejilla izquierda me dijo “no te pido que creas en cuentos de princesas pero sí que dejes de lado eso que solo te llevará a un sitio muy negro que no creo que quieras conocer, deja que varias capas de pintura te adornen el día y te borren las humedades”, dicho esto se fue y con la mano se despidió.