lunes, 13 de junio de 2011

Dos extraños

Difícilmente dos extraños cruzan sus miradas en un lugar lleno de gente, pero existen excepciones y justamente los protagonistas de esta historia lo son.

Era jueves, el penúltimo día de la semana laboral; el metro como siempre estaba atestado de gente lo que demostraba que eran apenas las cinco de la tarde, sin embargo, Ella llego a la estación con su maletín negro y sus zapatos de tacón hacer la fila de la conexión con la linea cuatro a la misma altura, en la fila contigua se encontraba Él, con el saco del traje en la mano donde tenia su maletín. Mirando de un lado a otro Ella cruzó su mirada con la de Él, quien se había fijado en ella hace algún rato.

No es típico de los habitantes de una ciudad como Caracas hablar con desconocidos y mucho menos mientras se está esperando el metro. Ella bajo esta consigna se limitaba a verlo, estaba atrapada entre su cabello negro bien cortado y la forma de su cara, Él por su parte se debatía en si hablarle o no mientras sus piernas blancas y bien formadas le sonreían.

Al llegar el tren comenzaron los empujones y golpes de la gente por entrar, ambos se perdieron en el mar de gente para luego por cuestiones del destino o azar tropezar sus manos en el mismo sitio de donde se estaban sujetando mientras el tren iniciaba su marcha.

Él dudo si quitar su mano, pero la mano de Ella fue subiendo lentamente hasta posarse sobre la de Él como si ya la conociera. Entre tanta gente era imposible hablar así que con las manos juntas se limitaron a verse, Ella se sonrojaba con cada sonrisa que Él le arrojaba y Él hacia lo mismo cuando Ella lo rozaba sin querer. Entre los dos habían construido un mundo mágico donde no existían el resto de los pasajeros, su juego de miradas, sonrisas tímidas y leves caricias era lo único que importaba en aquel viaje.

Próximos a la estación donde ella bajaba, se acercó a Él y casi al oído le susurró "Hoy la vida dejo de ser la misma, porque te encontré a ti" Él no aguanto las ganas y la abrazo y nunca más pudo separarse de Ella.

El último adios

Escribo estas lineas para dejar constancia de que esta será la ultima carta que te escriba. Debo aclarar que decidí apartar mis sentimientos ya que estoy cansado de sufrir y que a ti sencillamente no te interese. Para mi este no es el final si no el comienzo, creo que mejor borro esta frase porque sueno a gente corriente y eso es algo querida que mis cartas nunca fueron.

Mis noches volverán a tener sentido, terminaré de matar la esperanza que algún día me diste. Me arrancare todo lo que queda de ti en mi corazón. Se que esto me dejará completamente solo pero vivo, porque el recuerdo de tu voz me esta matando.

Hoy pongo punto y final a la historia que tú finalizaste hace tiempo, pero que, yo insistí en mantener. No esperes más mis letras, ni mis poesías pues esta es la última. Sabes en el fondo puedo asegurar que nunca me leíste.