viernes, 7 de octubre de 2011

Lágrimas I

Era hermosa, tan hermosa. Impulsivamente la tomé en mis brazos y la besé, besé sus labios y sentí que cedían ante mi solo un poco. Entonces la blasfemia de aquel acto me sacudió. Era como al principio, quise decir algo como "discúlpame" pero de nuevo la estaba contemplando como un idiota. Cerré mis brazo entorno a su cuerpo, sentí que ella ligeramente cedía así que la volví a besar una y otra vez.

Se aparto de mi y puso un dedo en mis labios. Luego tomo mi mano y me hizo cruzar la puerta. La luz de las estrellas caía por el techo roto, decenas de metros por encima de nosotros logré ver que era una preciosidad débil. El labio inferior le tembló como si quisiera expresar algo pero no pudiese. Por fin musitó "Desearía amarte", su voz era suave como una caricia. Que podía decir ante aquello que para mi era más que conocido, no di vueltas y susurré "Tu conoces los secretos de mi corazón, sabes mejor que nadie lo que quiero". No pude reprimir un pequeño, suave suspiro, una pequeña expresión de pena, de indefensión. Dejé de mirarla y dirigí mi vista al horizonte pues con mis ojos llenos de lágrimas no podía dejar de pensar que el dolor de esta situación me estaba quebrando por dentro.

Note que ella me estaba contemplando con una expresión desgarradora. "Te necesito" farfullé. Y por primera vez sus ojos se llenaron de lágrimas. No pude soportarlo, sentí que un escalofrío subía por mi espalda, como siempre ocurre en los momentos de sorprendente dolor. Ella me acaricio la cara con sus manos de seda, luego me abrazó y al oído dije "Te esperare aquí con paciencia, yo se que algún día me amaras", me soltó y con una sonrisa perfecta esbozo esa frase que he de recordar siempre "Algún día te perteneceré príncipe, yo lo sé" y sin más vueltas desapareció sin dejarme decirle nada más.